El avivamiento no es solamente tener cultos emocionantes, mucha música o grandes reuniones. El verdadero avivamiento comienza en el corazón, cuando volvemos a buscar sinceramente a Dios y permitimos que el Espíritu Santo transforme nuestra manera de vivir.
El avivamiento despierta a la Iglesia
Una Iglesia puede continuar realizando actividades y, sin embargo, perder poco a poco su pasión espiritual. Por eso necesitamos ser renovados.
“Aviva tu obra en medio de los tiempos.”
— Habacuc 3:2Cuando llega un verdadero despertar espiritual, vuelve el deseo de orar, buscar a Dios, estudiar su Palabra, congregarse y servir.
El avivamiento transforma vidas
El verdadero avivamiento produce cambios. No se queda solamente en lo que sentimos durante un culto. El Espíritu Santo nos lleva al arrepentimiento, nos ayuda a abandonar el pecado y comienza a transformar nuestro carácter.
“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.”
— Salmo 51:10Si existe avivamiento, debe existir también una vida renovada.
El avivamiento renueva nuestra pasión por Dios
Con el paso del tiempo podemos acostumbrarnos a las cosas de Dios. Podemos orar menos, perder el deseo de leer la Biblia o servir solamente por costumbre.
El avivamiento vuelve a encender nuestro amor por Cristo. Necesitamos recuperar el hambre por la Palabra, la oración, la santidad y la presencia de Dios.
El avivamiento nos llena para evangelizar
El avivamiento verdadero no termina dentro de las cuatro paredes de la iglesia. En el día de Pentecostés los discípulos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a anunciar las maravillas de Dios.
“Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos.”
— Hechos 1:8Por eso, una Iglesia avivada es también una Iglesia evangelizadora y misionera. El Espíritu Santo nos da valor para hablar de Jesucristo, alcanzar a nuestras familias, visitar comunidades, ayudar al necesitado y llevar esperanza donde existe sufrimiento.
Avivamiento es fe puesta en acción
El verdadero avivamiento se demuestra en nuestra manera de vivir. Es orar y también servir; creer y también actuar; predicar y también dar buen testimonio; hablar del amor de Cristo y también demostrar ese amor al prójimo.
El avivamiento que necesitamos no es solamente hacer más ruido, sino producir más frutos:
- Más oración.
- Más Palabra.
- Más santidad.
- Más amor.
- Más unidad.
- Más evangelización.
- Más vidas transformadas.
Reflexión
El avivamiento comienza cuando dejamos de preguntarnos solamente “¿qué necesita cambiar en la Iglesia?” y comenzamos a preguntarnos: “Señor, ¿qué necesitas cambiar primero en mí?”
Cuando el Espíritu Santo despierta nuestro corazón, renueva nuestra pasión por Dios y nos impulsa a compartir a Cristo con otros, estamos viendo los frutos de un verdadero avivamiento. Una Iglesia avivada es una Iglesia despierta, transformada, llena del Espíritu Santo y comprometida con llevar el Evangelio con poder, fe y acción.